Cultura

La civilización china, aislada casi totalmente durante milenios, se caracteriza por la originalidad y permanencia de sus formas culturales. Su ascendiente sobre otras culturas asiáticas, sobre todo la japonesa, fue trascendental.

Pensamiento. China es un país con una antigua y rica tradición dentro del campo del pensamiento. La filosofía tuvo dos vertientes que se desarrollaron con variaciones a lo largo de toda la historia: la idea de mutabilidad y de permanencia de la naturaleza, que se explica a partir de la doctrina de los principios del yin y el yang, a la vez opuestos y complementarios, y el fundamento ético del hombre. Estas ideas se

manifestaron en las tres escuelas más importantes de China que florecieron entre los siglos V y III a.C.: el Confucianismo, el taoísmo y el legismo. Estas doctrinas, con variantes, predominaron en China hasta finales del siglo XIX, cuando la penetración extranjera introdujo las corrientes del pensamiento occidental.

Después de la revolución de 1949, la filosofía dominante fue el denominado maoísmo, una vertiente del marxismo-leninismo desarrollada por Mao Zedong, a la luz de la cual se interpretaba la historia china mediante una síntesis entre las concepciones tradicionales y los principios fundamentales del marxismo. No se repudió el maoísmo en lo teórico tras la muerte de Mao, si bien en la práctica se abandonaron muchos de sus principios.

Arte. En China, el arte no sólo ha tenido un período de desarrollo más largo y continuado que en cualquier otro país, sino que además se ha visto libre de influencias extranjeras. A diferencia de occidente, los chinos tuvieron desde los comienzos de su historia una opinión muy elevada de los artistas, que ocuparon un lugar preeminente dentro de la escala social. De hecho, el aprendizaje artístico (poesía, música, pintura) era parte indispensable de la educación de un caballero.

Los primeros testimonios artísticos se remontan al segundo milenio antes de la era cristiana, con la aparición de vasijas de cerámica roja con decoraciones de líneas rectas u onduladas. A partir del siglo XIV a.C. se difundió el trabajo del bronce y se crearon vasijas ceremoniales fundidas con la técnica de la cera perdida, que un milenio después utilizaron los griegos. Las superficies de las vasijas se decoraban

profusamente, y a veces los propios objetos adoptaban forma animal.

Artesanía. Desde la antigüedad, los artesanos chinos destacaron por su habilidad en el trabajo de los tejidos, sobre todo de seda (tapices, ropajes de emperadores); de las piezas de jade talladas, que simulaban animales; y de las preciadas porcelanas, que se exportaron a Europa durante siglos. Las porcelanas se fabricaron por primera vez hace mil años y su producción determinó la aparición y expansión de algunas ciudades que vivían de los pedidos de los palacios imperiales. Las más célebres son las de la dinastía Ming, cuyas piezas eran a veces tan finas que se podía leer a través de ellas.

Pintura. La singular pintura china se ejecutaba por un procedimiento de acuarela aplicada a pincel sobre seda o papel, de tal suerte que no cabía la rectificación. También se pintaban frescos que adornaban los muros de los palacios.

Existían tres modelos de pintura: las pequeñas pinturas en forma de abanico, para ser guardadas en álbumes; las destinadas a ser colgadas; y las ejecutadas en largos rollos (de 3 a 25 m). Las escenas representadas estaban hechas para contemplarse por fragmentos que formaban composiciones perfectas. Los temas preferidos eran de tipo naturalista (montañas y ríos). Los artistas no copiaban de forma fotográfica lo que veían, sino que intentaban captar lo fundamental del tema.

Los retratos se hacían una vez fallecido el modelo, siguiendo las descripciones de los conocidos. Se destinaban al santuario familiar de los antepasados.

Arquitectura. Los rasgos característicos de la arquitectura se desarrollaron en tiempos de la dinastía Zhou (1122-221 a.C.), época en la que surgió la tradicional concepción funcional y estética de los edificios chinos. El material preferido era la madera (componente perecedero que explica la escasez de edificios anteriores a la dinastía Ming). Las casas se construían sobre una plataforma de piedra y la columna era el elemento de sustentación. Los tejados tenían grandes aleros en curva y las tejas se barnizaban de colores. Los edificios eran simétricos y de una sola planta, su forma armonizaba con el medio natural y solían tener jardín.

Dentro de la arquitectura china destacan dos obras: la Gran Muralla, impresionante obra de ingeniería empezada en la época de la dinastía Han para defender el país de las incursiones de los bárbaros del norte; y la Ciudad Prohibida de Pekín, con el palacio imperial, construida durante la dinastía Ming.

Las ciudades que durante el siglo XIX sufrieron el influjo occidental (Shanghai, Cantón) presentan una confusa mezcla de estilos (neoclásico, neogótico) que no guardan relación con la arquitectura tradicional china. Asimismo, las construcciones posteriores a la revolución de 1949 muestran influencias extranjeras y además utilizan materiales modernos (hormigón, cristal, acero). No obstante, se han mantenido algunos elementos de la tradición arquitectónica, dentro de la típica posición ecléctica del comunismo chino, que ha intentado unir la herencia cultural con la modernización.